
Se sabía. La crispación es tal que ninguno reconocería la victoria electoral del otro. El conflicto en Venezuela sigue abierto, pero poco se hable de lo de fondo: el interes de las potencias por los enormes recursos energéticos de aquel país. ¿A quién le interesa y emite comunicados, por ejemplo, sobre la situación de Haití? ¿Quién cuestiona el régimen autoritario de China? Es verdad que Venezuela no diversificó su sistema productivo, que las potencias occidentales no admiten un modelo diferente y que la polarización política impide todo diálogo. Es un régimen bonapartista que, bloqueo criminal mediante, se ha encerrado sobre sí mismo y caminó a una deriva autoritaria. Por otra parte, tiene enfrente una oposición con personajes golpistas con notoria injerencia de los EE.UU. El régimen cuenta con respaldo social, aunque ha perdido apoyo de algunas organizaciones sociales, y de las FF. AA, que los sostienen. Mientras tanto, las protestas han sido reprimidas, se habla de desaparecidos, pero se dice infinitamente menos del accionar mafioso y violento de cierta oposición. Estando cerca sabemos poco. Sigue siendo válido el planteo de transparentar las elecciones. El conflicto, sin perjuicio que debe primar un sistema democrático, parece no tener salida por el momento. Juan pueblo, con hambre, migración, ruptura de familias, parece pagar los platos rotos.





