
“¡La noche que nos hizo!”
El espectáculo, largamente anunciado, estuvo en duda hasta la media tarde. Es que “el señor” tenía que optar si continuaba con las lluvias sabatinas, muy demandadas por los otros señores, “los del agro”, o habilitaba el “buen tiempo”. Entonces, matizándose popular dio luz verde al espectáculo carnavalero, con presencia de la bicampeona montevideana Doña Bastarda que sintonizó rápidamente con el numeroso público sentado en las gradas, en la propia cancha, cerca del escenario o en sus propias sillas plegables.
El ritual pautado para las 21 hs comenzó, a la uruguaya, pasada largamente la hora señalada. Quizás ello tenga más que ver con la necesidad de dar tiempo para que la denominada “plaza de comida” trabajara que con la contumaz costumbre nacional de empezar todo más tarde.
Pese al relevo del tricolor, ella, enojada, muy hincha, estuvo en el campo del Atlético Bella Vista y puede brindar testimonio y contar que había niños que, pequeños, eran cargados por sus madres, por ir solas o por tener compañías poco afectas a cargar con “esos locos bajitos”. Esta vez, raro, no correteaban ni daban el tono de la noche, fue todo muy disciplinado.

Puede contar, desde su percepción, que al apagar las luces de la cancha, cada espectáculo adquiriría otra dimensión, casi indescriptible, tal vez de cercanía y brillo.
Como abundan, -si se organizan pueden complicar al ser humano-, un pequeño y simpático perro, dicen que era invitado, se paseaba entre las gradas, rosando las piernas de la gente; que no se molestaba.
Jóvenes miraban el espectáculo carnavalero desde el muro que da a Vizconde de Mauá y, por momentos, era un ir y venir entre los asientos y la “plaza de comida”. Sobre todo, al inicio y en los intervalos que dejaron Sandumbé, Sinverguenzas, Murgas eran las de antes y en la previa del “plato fuerte de la noche”, Doña Bastarda.
Infinidad de vehículos bordeaban la cancha, como si los conductores no se quisieran perder una inusual moña al borde del área chica para luego comentar, en el vecindario, “yo la ví”.
No escribiremos que la gente, de todas las edades, grababa, se sacaba fotos y selfies; miraba y guardaba el adminículo que permite todo esto, como si estuviera esperando un mensaje de vida o muerte.
Quien fungía de animador resaltaba, una vez sí y otra también, “¡la noche que nos hizo!”, y agradecía la presencia de yunguenses, gente de Concepción del Uruguay, Fray Bentos, Salto y vecinos de Paysandú. “La gente quiere carnaval” sentenciaba.
Con su espectáculo “la patria o la tumba”, la murga capitalina rápidamente tuvo la complicidad de público, donde el cuplé tuvo momentos de muchísimo humor, con un personaje, José G Artigas, sobresaliente y crítica feroz al posicionamiento del gobierno uruguayo en relación a Palestina. Pero también saludó la huella dejada por José Pepe Mujica, “a veces humilde y arrogante”.

El mensaje hacia la labor de las maestras uruguayas, sensibiliza. La propuesta, con voces nítidas, potentes, quiso rescatar el rol de la escuela pública.
Se puede compartir con el animador, “¡la noche que nos hizo!” y agregar, “¡lo que vimos!”.
Antes de irse, rumbo a la Av Salto, distante dos cuadras, se acomodó el sombrero; sacó 250 pesos y se comió un chorizo, pasada la medianoche, sin “bajarlo” ni con una birra ni con una bebida cola. No quería alterar demasiado su economía, pues el domingo era día de feria para esta clasemediera. Era hora de emprender el regreso. “!La noche que nos hizo!”.
Darío Rodríguez
Licenciado en Ciencias de la Comunicación, Udelar. Editor de Cooperante. Redactor de La Diaria Paysandú y de 20once. Asesor en cooperativismo de vivienda y hábitat.




