
Sandra Navadián (*)
Uruguay no escapa a la realidad de convivir, cada vez más y en ascendencia, lo que es la violencia en el deporte; este gran fenómeno socio cultural, que se instaló y que requiere constantemente de acciones a la hora de resolver las situaciones que se generan en todos los ámbitos deportivos, tanto dentro pero mucho más fuera de los mismos y que son escasos los resultados hasta ahora, y -a la vista están-, para resolverlos, y donde estamos involucrados directa o indirectamente, como sociedad. Dictan los estudios, de algunos profesionales en la materia, que la violencia se remonta allá por el 1905, en el fútbol, donde ya se suspendía un partido porque la hinchada se metió a la cancha, y más tarde en 1924 se cobraba la primera muerte del fútbol uruguayo.
Por eso se habla de variables y transformaciones, con respecto a los actos en sí. Hoy con un sistema más organizado en función de la agresión (física y verbal), el descontrol, la brutalidad…podría decirse que un antes y un después; un pasado con situaciones de violencia que se daba por espontaneidad y un presente con barras bravas organizadas con manifestaciones, la mayoría fuera de los escenarios. Esto conlleva a desafíos más complejos en lo que implica encontrar responsables. La violencia está en nosotros, la traemos de nuestro techo progenitor, con una generación nula de valores, con una cultura educacional en notorio deterioro, por lo tanto, todos y cada uno, damos esas respuestas de ataque, como una especie de terapia alternativa que usamos para despertar ese monstruo que nos domina y atrapa, descubriendo nuestras debilidades, frustraciones y que en un segundo transformamos y moldeamos despertando en una mísera cuota de poder, cargada de desgracia. Triste realidad si es que la hay sumisa de impotencia! y mucho que ver tienen también, las autoridades en su función, en su rol y sus mecanismos de gestión, porque no basta con reprimir, evacuar, marcar presencia en los ámbitos, sino de actuar en red con otras instituciones, con acentuado protagonismo del MEC, en continua búsqueda de soluciones a una problemática -y desde la educación primero y fundamentalmente – en rápido ascenso- a un flagelo que nos tiene cada día más de rehenes, en un desafiante partido que no acaba en el silbatazo final del réferi…pero como cambiar esto?, pensemos desde nuestro bagaje de ilusiones esperanzadoras, las herramientas usadas como la multa económica, no es una solución efectiva; las sanciones no han demostrado tampoco algún cambio favorable; entonces no será hora de exigir otras resoluciones desde las autoridades deportivas? ¿Dónde y cómo se potencia la violencia? ¿Qué rol juegan los medios de comunicación? En esa incesante presión social, la competencia, la rivalidad, la comercialización, principales factores que desnudan a un sistema que sigue adelante marcando la cancha y donde los intereses económicos se llevan el rol protagónico de una película escasa de dirección, que nos invita al palco de una ingenua antesala, a esperar expectantes que se corra el telón, para ver remarcar la línea de cal y que la globa siga rodando…
(*) Sanducera. Comentarista de El Clan Deportivo que se emite en La Otra FM. Paysandú. Cuenta con extensa trayectoria desde diversas actividades sociales






