
Los constantes eventos climáticos adversos que vivimos determinan la necesidad que los gobiernos, además de generar institucionalidad y cargos, dispongan de políticas, más allá de experiencias pilotos, de mediano y largo alcance con sus correspondientes recursos. En año electoral habrá que observar qué se plantea para readecuar ciudades, cuidando a la gente, y el aparato productivo. En esta oportunidad nos pareció pertinente traer un artículo, publicado en nuestro boletín digital (Cooperante) de la arquitecta Cecilia Rodríguez, ex directora de Vivienda, de la Intendencia de Río Negro.
Por definición la resiliencia es la capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adverso.
En el último mes de marzo del año 2024, vivimos en el departamento de Río Negro dos episodios climáticos que una vez más nos hermanan, uno en la noche del 8 de marzo en Fray Bentos (alrededor de 100 familias afectadas) y el otro el 20 de marzo en Young (alrededor de una docena de ellas).
Este hecho más allá de la cantidad -porque debería interpelarnos y bastaría con una sola familia- hace que nos replanteemos como sociedades y como comunidades si estamos “preparados” para esos episodios o femémonos que todo indica serán cada vez más frecuentes.
¿Estamos preparados para asistir, para decidir, para definir, para contener, para visualizar el día después?

Justamente, es el día después el que nos interpela, ¿planificamos y nos preparamos para este día? Una vez que recuperamos “la calma”, ¿asistimos, llegamos a cada una de estas familias y las contenemos de manera correcta o adecuada? ¿Llegamos a tiempo cuando su futuro se vio alterado por el solo hecho de haber estado en el lugar que no era o debió ser el indicado?
¿La respuesta del Estado, es inmediata o los tiempos de las administraciones siguen siendo tardíos?
Estos tiempos qué miden, con qué criterios, a quién debe asistirse primero y a quién no debe hacerse, ¿se hace con criterio técnico o ante esta situación priman algunas otras cuestiones?
¿Qué pasa con los niñ@s, adult@s del mañana, que sienten el terror y la incertidumbre de lo vivido en el lugar donde debieron sentirse seguros y seguras? Nuestro hogar es donde debemos sentirnos cuidadas/os, seguros y no vulnerables, por estos motivos, ¿les contenemos y asistimos a sus familias devolviendo la esperanza de que mañana el sol volverá a brillar?
En el Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres 2015-2030 (riesgo en función de la combinación de la amenaza, la exposición y la vulnerabilidad), debemos de anticiparnos y lograr una gestión del riesgo de desastres; debemos de cambiar las prioridades, comprenderlo y gestionarlo, invertir en la reducción de éste para generar la resiliencia. Aumentar la preparación para casos de desastre a fin de dar una respuesta eficaz y eficiente para “reconstruir mejor” (recuperar, rehabilitar y reconstruir).
Hablamos de riesgo de desastres cuando existe la posibilidad de que una comunidad sufra daños o pérdidas producidas por amenazas (peligrosidades) originadas en fenómenos naturales, socio-naturales, biológicos, sanitarios o humanos, en un momento y lugar determinado. El riesgo, se define por la interacción entre las vulnerabilidades, los peligros, la exposición y la incertidumbre (componentes del riesgo)
En la agenda de todos y todas, más allá de los lugares que ocupemos o que ocuparemos, está el desafío de anticiparnos y prepararnos como comunidad, ante un cambio climático que es una realidad y que nos golpea, nos amenaza, nos interpela y que sobre todo nos obliga a ser resilientes.
Cecilia Rodríguez Yemini
Arquitecta. Concejal del Frente Amplio en el Municipio de Young






