
El gobierno electo se comprometió a resolver temas sentidos y centrales, particularmente para los sectores más postergados: mejorar el tema de la atención en salud (carencia de especialistas, largas demoras para consultas y estudios, falta de medicamentos, etc); tener políticas de salud mental (un enorme problema país): mayor inversión en vivienda y, progresivamente, abatir la pobreza infantil; un escándalo en un país que tiene todas las condiciones para hacerlo; para ello hay que exigir esfuerzos a los que no pararon de acumular riqueza. Con cautela los electos han dicho que quieren saber cómo dejan, los muchachos que se van, la caja. El investigador uruguayo, docente en Chile y Canadá, advierte que Uruguay “lejos de ser un modelo a seguir, esta corrompiéndose como el resto de los vecinos. Solo que a una escala y tiempo distinto”. Una lectura de la realidad para tener en cuenta. Recientemente editó el libro Democracia muerta.
Por otra parte, el gobierno saliente ha dejado “un presente griego” como es el proyecto Neptuno-Arazatí; un jugoso negocio empresarial que dice solucionar lo problemas de suministro de agua potable a la zona metropolitana y tiene la oposición del propio FA, la academia, vecinos y organizaciones vinculadas al medio ambiente.

La (in) seguridad, el sistema carcelario y la fuerte irrupción de bandas criminales vinculadas al narcotráfico hablan de la necesidad de alcanzar acuerdos y salirse del puro punitivismo.
El gobierno entrante avanzó en el armado del gabinete ministerial y salvo alguna sorpresa parece consistente. Después vendrán designaciones de segundo y tercer nivel.
Hay orden de no defraudar. Si hay fracaso la salida será más desventajosa para los de siempre con irrupción de elementos autoritarios.
Bernardo Camilo Analista político





