
Algún tiempo atrás los intendentes del litoral, sin distinción de cintillo partidario, reclamaban, una vez sí y otra también al gobierno nacional, políticas de frontera. Con sigilo y sin mayores aspavientos, los jerarcas nacionalistas se replegaron. Una de dos: o ven infructuoso reclamar a un gobierno que está de espaldas al interior o desde el Poder Ejecutivo -como señala el colega frentista, Andrés Lima-, “hubo una bajada de línea”
En el litoral, fruto de la diferencia cambiaria con Argentina, pero también de las políticas desplegadas por el herrerismo, se acumulan los desempleados, los trabajadores informales, el cierre de comercio y el “se alquila”. En Salto, por ejemplo, las ventas en los comercios cayeron entre un 30 y un 60%; las estaciones de servicios son las más golpeadas. Se estima que 400 comercios, con el desempleo consiguiente, bajaron la cortina en esa zona del país. Por otra parte, el turismo está retraído. Las medidas del gobierno han sido timoratas y de escaso impacto; tal vez la más significativa fue, en su momento, la supresión del IMESI a los combustibles. El gobierno tiene los oídos tapados y recela de convocar actores del territorio para que realicen propuestas. La hace fácil: se escucha así mismo. ¡Sigue el regocijo arriba!






