
Sectores de la sociedad viven crispado y el accionar de las redes (anti) sociales y algunos sectores duros de la oposición política alimentan la misma.
El gobierno, con severas restricciones fiscales y sin apartarse de la ortodoxia económica, no logra entusiasmar a propios y extraños. Su base social y la militancia está enojada.
Por otra, un sector de la derecha juega a “cuanto peor mejor” en el convencimiento que serán favorecidos electoralmente, sin comprender que se expande un generalizado descreimiento (grave) sobre la política y sus principales actores.
Dentro de las acotaciones presupuestales, el gobierno debe obtener inversiones, para generar empleo en particular fuera de los muros de “San Felipe y Santiago”, pero no al punto de regalar recursos, como pretende HIF Global, con el apoyo de la oposición un tanto demagógica.

Tampoco la pavada.
En este clima, el gobierno debe cambiar la actitud, pues tiene cosas para mostrar: por ejemplo, instalación de tomógrafos en varios departamentos; SAME 105 en el interior; buena inversión en infraestructura vial; creciente descentralización universitaria que habilita que hijos de trabajadores en el interior sean primera generación de universitarios en la familia. Recientemente (ver nota en esta edición) 16 jóvenes cursaron toda la carrera y se recibieron de médicos en Paysandú.
Insistir con algunas políticas vinculadas a la violencia y el narcotráfico que se apartan de más punición y encierro de pobres y jóvenes en las cárceles que, todas luces, no resuelven.
En esta grave situación tienen responsabilidades, por donde se los mire, los que no paran de acumular riqueza y que, también por miedo, se encierran en country o barrios privados. Deben ser, sí o sí, solidarios.






