
Hay muchas hipótesis sobre el asunto. Desde el Financial Times, Camila Cavendish escribió que “hay muchos factores detrás de este descenso de la natalidad. Los jóvenes tienen menos probabilidades de estar en una relación que las generaciones anteriores a la misma edad. A las parejas jóvenes les resulta más difícil acceder a la vivienda y sentirse lo suficientemente estables económicamente como para plantearse tener un bebé. Y a algunos les preocupa si es correcto traer un niño a un mundo tan convulso”.
Baja mundial
“En Europa, tener un solo hijo se está convirtiendo en la norma: la mitad de las familias con hijos tienen sólo uno. En el Reino Unido, la cifra es del 45 por ciento, y sólo el 14 por ciento de las familias tienen tres o más hijos. Esto se repite en lugares inesperados. Emiratos Árabes Unidos (EAU) y Tamil Nadu, en India, tienen ahora tasas de natalidad más bajas que Alemania. La tasa de México ha quedado por detrás de la de EEUU, donde las familias con un solo hijo ahora superan en número a las que tienen dos”.
Por lo que “las tasas de natalidad en más de dos tercios de los países del mundo han caído por debajo de la «tasa de reemplazo» de 2.1 hijos por mujer, necesaria para mantener una población estable. La población mundial pronto comenzará a disminuir, por primera vez desde la Peste Negra del siglo XIV”.
Esto dará lugar “a una gran cantidad de personas de la tercera edad que pondrán a prueba a los estados de bienestar y a las economías. En China, donde la política del hijo único introducida en 1980 distorsionó la planificación familiar durante 35 años, ahora existe el «problema 4-2-1», en el que un hijo único debe mantener a dos padres y cuatro abuelos”.

No había TV
“El impacto de los efectos de red en las tasas de natalidad quedó bien documentado en un estudio realizado en Brasil. La introducción gradual de la señal de televisión en diferentes regiones en la década de 1980 vino acompañada de una caída abrupta en las tasas de natalidad. Quienes recibían la señal se habían enganchado a las telenovelas, que mostraban a protagonistas femeninas urbanas con pocos hijos o sin ellos. En 1960, la mujer brasileña promedio tenía poco más de seis hijos. Cuarenta años después, era de poco más de dos: una caída casi tan rápida como la de China”.
La articulista, refuerza el argumento del “contagio social”. “Una investigación realizada en Suecia en 2010 demostró que las mujeres que trabajaban en oficinas tenían más probabilidades de tener un bebé si una colega de su nivel lo hacía, sin que influyeran las compañeras de trabajo de otros niveles jerárquicos”.
¡No me gusta!
“Otro estudio realizado en 6,500 compañías alemanas reveló de manera similar que las tasas de transición de la proporción de empleadas que quedaban embarazadas por primera vez prácticamente se duplicaban después de que una colega tenía un bebé, y que el efecto duraba aproximadamente dos años”.
“El comportamiento del grupo de pares indica lo que se espera que hagan las personas como yo, y en qué momento de la vida», dice Anna Rotkirch, profesora investigadora del Instituto de Investigación Demográfica de Finlandia”.

Esta investigadora sustenta que “las redes sociales aumentan el grado en que los adultos jóvenes interactúan con compañeros o modelos a seguir que no conocen y con quienes no tienen parentesco. He hablado con madres jóvenes que se sorprenden de que publicar en Instagram sobre tener un bebé genere menos ‘me gusta’ que publicar sobre un viaje de vacaciones de lujo”.
Apostar a los inmigrantes
“Las esperanzas de llenar el vacío demográfico suelen depositarse en la inmigración. Pero los recién llegados a un país también se ven influenciados por las normas sociales. En una encuesta noruega, la mayoría de los inmigrantes de primera generación procedentes de Vietnam, Pakistán, Sri Lanka y Turquía dijeron que era muy importante tener hijos para tener un matrimonio feliz. Para la segunda generación, menos de la mitad compartía esta opinión. Las mujeres de origen somalí tienen un promedio de siete hijos en Somalia, pero sólo dos en Noruega”.

El extenso artículo recoge experiencia en Taiwan y Corea del Sur que van en sentido contrario a la disminución de la natalidad.
Unidad básica
“Las familias son la unidad más básica de la sociedad y la institución más indispensable de la humanidad», dice Nicholas Eberstadt, demógrafo y titular de la cátedra Henry Wendt en el American Enterprise Institute (AEI).
“Pero a medida que las familias y sus ramificaciones se vayan reduciendo, serán cada vez menos capaces de soportar el peso”. Los responsables políticos, añade, “no están preparados para la era de la despoblación que transformará las sociedades, las economías y la política de poder”.






