
La instalación de barrio privados en Uruguay, actualmente unos 80, -concentrados básicamente en Montevideo, Canelones y Maldonado-, es una forma de habitar el territorio mediante autosegregación de un sector de la sociedad que con dicha modalidad se aparta de la ciudad consolidada en la pretensión de comprar tranquilidad, sosiego, disponer de servicios, educativos, recreativos, etc de uso exclusivo. Es una modalidad, ampliamente desarrollada en Argentina que recaló en Uruguay en los 90. Esta forma exclusiva de habitar encuentra notorias permisividades en los gobiernos, siendo una modalidad donde la sociedad dispone de muchos recursos para hacerlos sostenibles. Salvo el gobierno departamental de Montevideo que los prohíbe el resto da vía libre.
En el 2019, la Dirección Nacional de Ordenamiento Territorial (DINOT) del entonces Ministerio de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente (MVOTMA), examinó el fenómeno. El trabajo resultante, “La expansión de los barrios privados en Uruguay”, estuvo a cargo del economista Rodrigo García. En el mismo se menciona la notable expansión de esta modalidad en “los últimos 16 años”, ya sea por ampliación de los existentes o la instalación de nuevos llegando a departamentos como Paysandú. En el 2002 se registraban 20 barrios privados. El investigador y docente universitario, Mauricio Pérez sostiene que los promotores “son expertos en pasar inadvertidos, eludir las políticas urbanas y evitar su integración con el territorio que los rodea. No suelen hacer publicidad en medios masivos, y una de las principales vías utilizadas para su comercialización es el ‘boca a boca’ y recomendaciones en estratos sociales con intereses comunes”.
Estamos en presencia de un barrio privado cuando se observa un conjunto urbano que tiene calles que son privativas del uso público y cuenta con un perímetro mayor a una hectárea 10 mil metros cuadrados que lo envuelve y es excluyente. Ahí no se puede entrar y circular libremente. Para Mauricio Pérez la opacidad es parte del negocio.

Desde la menos el 2015, Balsa y Asociados es uno de los que se mueve en el fomento y ejecución de barrios privados en Uruguay. Al cortarse la calesita, debieron enviar 400 trabajadores al seguro de paro y hacer una presentación voluntaria a concurso de acreedores. Estos promotores tendrían una pasivo de 20 millones de dólares. En general, estos tipos de emprendimientos aspiran a una legislación particular, haciendo todos los esfuerzos para que los trabajadores de la construcción no se sindicalicen. Son pródigos en antecedentes. Las crónicas periodísticas dicen que Juan Martín Balsa Cadenas, ingeniero en telecomunicaciones, vio la veta y se volcó al fomento de barrios privados. Junta a Nicolás Galotti, con experiencia dentro del rubro, pero en Argentina, formaron, en 2015, Balsa & Galotti SRL. Se largaron, pero a los tres años Galotti se fue y quedó la empresa como Balsa & Asociados. Desde el 2022 fueron por más y se jugaron por desarrollar tres urbanizaciones cerradas en Camino de los Horneros, Canelones. El Sunca estima que una de ellas, Pilar de los Horneros, tiene un avance del 80%; la Juana un 65% y la tercera obra, La Carlota, recién comenzaba. La empresa tiene en carpeta un desarrollo en el exuberante Cabo Polonio. Mauricio Pérez dijo a Brecha que desde hace cierto tiempo Balsa se metió mucho más en la cadena de producción, incorporando la gestión, administración, etc. “Mientras el negocio vinculado al suelo deja mayores niveles de rentabilidad, su retorno es a mediano y largo plazo. La venta de casas, en tanto, tiene un retorno más inmediato, pero mayor riesgo”, expresó. Entiende se estaría generando “una miniburbuja o una pompita” producto de una sobreoferta que, en este caso, agregaría las debilidades en torno a la financiación. La burbuja pudo pincharse.
Con el Sunca dando batalla por los 400 trabajadores enviados al seguro de paro, la empresa emitió un comunicado informando que para sostener el emprendimiento solicitó el concurso voluntario. “La medida persigue la protección judicial a fin de permitir la continuidad de las empresas». Agregando que “… esto permitirá un ámbito reglado que consulte todos los intereses involucrados y con amplia garantía para todas las partes. …estaremos trabajando en el diseño de un camino equilibrado, y orientado al cumplimiento de los emprendimientos y compromisos». Un comprensivo Juan Balsa, firmante de la misiva, La carta, firmada por Juan Balsa, dice entender “la preocupación que la situación genera a ustedes y en la opinión pública, y esperamos ampliar la información a medida que avance el proceso de concurso”. Para los que pusieron la plata el panorama no es muy halagüeño. Encerrarse no parece ser un buen negocio.





