
Los grandes medios de información (especialmente la TV) y la pandemia del Covid 19 blindaron el accionar del gobierno.
Así los severos recortes en políticas públicas pasaron dañando a la gente. Últimamente el blindaje, pese a los favores brindados a los oligopolios de la información, comienza a perforarse; aunque Luis Alberto Alejandro Aparicio Lacalle Pou Herrera Brito del Pino queda, por múltiples factores, escindido de los desaguisados gubernamentales.
Expuestos los escándalos del gobierno, negro sobre blanco, se podrá concluir que hay una matriz de funcionamiento.
El blindaje mediático tuvo su correlato en la no aplicación de la Ley de medios para que los oligopolios, particularmente la TV abierta de Montevideo, tuvieran exoneraciones millonarias. El corolario de esta política es la tramitación de una nueva Ley de medios, destrabada por acuerdo a la interna de la coalición que consolida a estos poderes fácticos. En esa suerte de toma y daca, el periodista Eduardo Preve, ex director del informativo de Canal 10, insinuó que en su despido tuvo que ver las llamadas desde Torre Ejecutiva.

La saga, aunque conviene remontar al anterior gobierno herrerista (1990-1995), se inauguró con el conocido por buena parte de los dirigentes del Partido Nacional, jefe de la custodia presidencial, Alejandro “Fibra” Astesiano. Elegido por el mismísimo presidente Lacalle Pou Herrera Brito del Pino, se instaló en el cuarto piso de Torre Ejecutiva y no paraba de delinquir. Rápidamente, en lo que es una estrategia permanente, se intentó aislar al delincuente del resto del gobierno, en especial del presidente. La actuación de la entonces fiscal Gabriela Fossatti -a cargo del caso-, hoy devenida en ferviente militante nacionalista, contribuyó a que este escándalo de corrupción no escalara.
Por otra parte, la entrega de pasaporte a un “narco peligroso”, las reuniones para ocultar información del asunto al Parlamento y la línea para romper documentos, costó la caída de dos ministros, el de Relaciones Exteriores, Francisco Bustillo, y el del Interior, Luis A. Heber y de sus inmediatos en la estructura, Guillermo Maciel (quien posteriormente se solidarizaría con Gustavo Penadés) y Carolina Ache Batlle. El evento eyectó al cerebro comunicacional, Roberto Lafluff, hoy asesor de Álvaro Delgado, delfín de Lacalle Pou Herrera Brito del Pino. Como el escándalo siguiente tapa al anterior, quedó un tanto opacada la donación de miles de kilos de pescado a la Presidencia.





