
Los fracasos de la democracia que, por un lado, multiplica el ascenso de multimillonarios que antes tenían representación política y hoy la asumen ellos mismos y no resolver los grandes problemas, -por la paradoja de gobernar para los ricos-, hace que personajes como Trump, Milei y otros “asalten” la política con propuestas retrógradas, excluyentes, violentas. Hay que revisar con atención las órdenes ejecutivas dictada por el magnate norteamericano.
Los ejes con lo que gobernará, quien se apropió del Partido Republicano, son la migración, nacionalismo económico (hay pánico y preocupación con la expansión silenciosa de China) y el fortalecimiento del poder Ejecutivo y la colonización de otros poderes y no estamos hablando de Venezuela. Trump asumió con procesos judiciales en su contra. Con mayorías parlamentarias y control de la Corte de Justicia el panorama le es alentador. A pocos días de asumir, indultó a quienes intentaron un golpe de Estado, en la anterior elección reclamando fraude, deportó personas, restringirá ciudadanía por nacimiento, plantea suba de aranceles a las importaciones y quiere quedarse con territorios; en realidad se trata de sentar bases para negociar.
Un artículo en el portal de Le Monde se pregunta “¿Cómo fue posible que Trump lograra ganar nuevamente las elecciones presidenciales, convirtiéndose en el único presidente de la historia de su país que vuelve al poder después de haber sido derrotado? ¿Cómo hizo para obtener una victoria aún más contundente que la primera, con mayoría no sólo en el colegio electoral sino también en el voto popular? ¿Cómo consiguió que su adhesión creciera entre las minorías?”
El politólogo Enzo Traverso, que viene estudiando el tema desde hace años, dice que el concepto de fascismo resulta a la vez inapropiado e indispensable para comprender la nueva realidad.

Mas adelante señala que “la primera respuesta habrá que buscarla en la polarización. Estados Unidos es un país partido en dos bloques que cada vez se encuentran menos. Como señalaba la socióloga de la Universidad de California Jerome Karabel, se trata de una polarización afectiva, profundamente arraigada en la sociedad, tal como demuestra el hecho de que solo el 6% de los estadounidenses están casados con alguien que vota distinto. Serge Halimi, ex director de Le Monde diplomatique Francia y gran especialista en política de Estados Unidos, complementa la idea explicando que Trump supo captar este clima de época conquistando primero a las clases trabajadoras y yendo después a la conquista de nuevos electorados, en particular los jóvenes y los hispanos. ¿Cómo se explica el apoyo a Trump entre quienes supuestamente deberían rechazarlo?, se preguntaba el internacionalista argentino Bernabé Malacanza.
Es imposible entender el ascenso de Trump sin su espejo: el declive popular -y la defección ideológica- de los demócratas. Aunque la renuncia de Biden a la candidatura pareció darle una nueva vida al partido, la confusión de la propuesta económica de Kamala Harris, tensionada entre la intención de ofrecer respuestas a su base popular y los intereses del establishment, y la decisión de mantener la orientación pro israelí de la política exterior a pesar de la guerra de Gaza, cerraron cualquier posibilidad. En este contexto, la izquierda estadounidense no logró nunca encontrar un lugar.
El regreso de Trump implica un desafío para las instituciones democráticas que es, como señala Ignacio Ramonet parte de un malestar más amplio con el actual estado de cosas. Trump es un peligro porque los mentados pesos y contrapesos, corazón del sistema de poderes de Estados Unidos, están en riesgo, por el apoyo sin fisuras del Partido Republicano (convertido en el “Partido de Trump”), por la acumulación de poder en su figura y por su evidente dificultad para la autocontención. El politólogo Enzo Traverso, que viene estudiando el tema desde hace años, dice que el concepto de fascismo resulta a la vez inapropiado e indispensable para comprender la nueva realidad.
Si para la política interna de Estados Unidos la vuelta de Trump supone el riesgo de una “recesión democrática”, para la política exterior… también. China, América Latina y sobre todo Ucrania, a la que el líder republicano probablemente quitará apoyo, se preparan para la agenda diplomática del nuevo capítulo del “America First”.





