
Algunos analistas hablan de un boom inmobiliario en Uruguay; algo de ello se ve en Paysandú. Como se sabe, la industria de la construcción es una actividad que dinamiza la economía.
Conviene poner en contexto la magnitud de los recursos y lo elementos que permitan medir qué se podría financiar con los mismos.
Uruguay tiene un producto bruto interno (PBI) de 81 mil millones de dólares, al año 2024. Las AFAPs han acumulado, de los trabajadores, 23 mil millones de dólares. Por otra parte, en los bancos uruguayos hay 41 mil millones de dólares; básicamente de residentes. Buena parte de este sector tiene en el exterior 61 mil 862 millones de dólares. Cifra equivalente al 79% del PBI.
Estos montos circulan en los circuitos legales; no está contabilizado ni las inversiones inmobiliarias, ni la compra de campos, ni mucho menos el “dinero en negro”.
Compraron Tacuarembó
Tomando datos del 2018, bien vale el dato, uruguayos adquirieron en Paraguay una superficie de tierra levemente superior al Departamento de Tacuarembó.
El 5% de uruguayos más rico acumuló dinero como nunca, mientras cayeron jubilaciones y salarios. Ese capital también se rentabiliza comprando propiedades para vender o alquilar. Da cierta seguridad.
Si se invirtiera un 1.5% de los recursos depositados en el exterior se podrían financiar 10 mil viviendas por año.

Impuesto a multinacionales
Mientras hay un auge de la inversión en ladrillos, la vivienda para ciertos sectores sigue siendo un problema. Lo que se disparó fue la vivienda promovida; donde un 84% se adquirió como inversión con grandes beneficios fiscales para los constructores y promotores. Aquí hay un problema notorio. Una mayor oferta de vivienda puede incidir a la baja de los alquileres.
El gobierno, a través del subsecretario de Economía, Martín Valcorba, informó que en el presupuesto quinquenal se incluirá el impuesto a las multinacionales; con lo que se pretende hacerse de unos 350 millones de dólares. El economista, seguramente cubriéndose de las criticas empresariales y de la oposición que representa tales sectores, manifestó que “la medida no significa un aumento de la carga tributaria de las empresas, porque ya están pagando este impuesto, pero en el exterior”. No será sencillo tocarles el bolsillo.
La pregunta recurrente es, ¿deben los sectores más ricos contribuir más al fisco mediante impuestos específicos sobre su patrimonio, rentas o activos en el exterior?
En su programa el FA proponía avanzar hacia una reforma tributaria que reduzca impuestos al consumo y refuerce la carga sobre la renta y el capital, con un criterio de progresividad.






