
El MVOT tiene diversos programas habitacionales, siendo el cooperativo uno de los más potentes, no obstante, en el periodo pasado se creó la Dirección Nacional de Integración Social y Urbana, (DINISU) para encapsular en la misma varios proyectos que atienden los sectores más vulnerables.
El pasado mes, con la presencia de la ministra Tamara Paseyro y otros directores, junto al intendente de Paysandú y presidente del Congreso de Intendente, Nicolás Olivera se inauguraron y entregaron 83 viviendas a familias de zonas inundables. Estos realojos venían del periodo pasado. “Hoy termina una etapa muy importante, pero el Ministerio va a seguir presente en Paysandú y en todo el país”, dijo la ministra de Vivienda. La situación puede graficar situaciones análogas en otros Departamentos.
Las viviendas entregadas, incluyeron construcción de infraestructura para conectar agua potable, energía eléctrica, red de saneamiento, obras viales, policlínica y un salón de uso comunitario.

“Mandato divino”.
Parece un “mandato divino” que se siga con la política de estirar las ciudades, con todos los costos asociados que ello significa, siendo que se sostiene que hay escasez de recursos y se vuelcan millones de dólares en infraestructura y equipamiento urbano. En esta lógica, las Intendencia vuelcan ingentes recursos.
Pero hay otra forma de hacer ciudad y no expulsar gente.
Por ejemplo, el proyecto de la Ex Paylana, en Paysandú, es prueba de ello. Grosso modo, el proyecto en la ex textil usó espacios vacantes de la ciudad, integró poblaciones, actividades y utilizó la infraestructura existente; ociosa. Densificó la trama urbana y pondrá en unas hectáreas 3/4 mil personas.
Si como manifestó la ministra en la Comisión de Presupuesto integrada con Hacienda del Senado se dispondrán, para todo el quinquenio y por todo concepto, de 705 millones de dólares, es hora de revisar, atendiendo planteos de Federaciones y academia, las políticas que generan una ciudad dual.

Las familias reubicadas, -desde todo punto de vista-, tienen un perfil similar a los cooperativistas y no está escrito en piedra que las mismas deban ser trasladadas a las periferias. ¿Por qué no se usan los lugares centrales de las ciudades para reubicar gente? Las anteojeras ideológicas, -y de clase-, impiden optimizar el uso de la ciudad, al tiempo que se repite como mantra la escasez de recursos.







