
Los estudios sobre juventudes muestran crueldad, violencia y odio entre pares en una sociedad castigada. Observamos la expresión de una violencia estructural, política, estatal, institucional y patriarcal que viven los jóvenes en el continente latinoamericano, configurando esta nueva era de las desigualdades. La existencia de una necropolítica de que los jóvenes pobres son víctimas resignifica hoy las dinámicas de la mundialización de la violencia (Tavares dos Santos, 2002). Todas las violencias están. Las nuevas -la red, el video, el escenario del centro comercial- y las viejas -la pandillas como modo de ocupación del territorio por parte de adolescentes pobres con estructuras familiares vulnerables-. Y todas se conjugan en los escenarios pos-dictatoriales de democracias que se banalizan día a día la crueldad y letalidad de diversas prácticas sufridas por poblaciones vulnerables.
Es cierto que las dictaduras en América Latina han sido un laboratorio fértil para el ejercicio de la humillación y de la violencia desde el estado. Es claro que estas dinámicas han consolidado, creado y afirmado posibilidades vinculares que calan en la vida cotidiana de las sociedades contemporáneas alimentando un cotidiano continuo de violencias (de estado) (Rico, 2010). Hoy, en el pensamiento popular que la red capta y despliega a golpe de streaming cuya mirada en un tweet se numeriza y estandariza con lógica de mercado, la reflexión sobre la violencia obedece a la obscenidad con que circulan el espectáculo de la muerte, la tortura y el terror. Obedece, a la necesidad de comprender un presente en que la sujeción a las diversas formas de violencia estructural aparece moralizada y fabulada como “opción de vida” de los adolescentes y jóvenes que elegirían -por su propia voluntad- matar y matarse[1].
La cuestión de los jóvenes en los barrios populares de América Latina está atravesada por el problema de las violencias y la criminalidad. Diversas investigaciones registran la persistencia de altas tasas de homicidios y en ellos identificamos cuatro dimensiones expresivas de la violencia estructural, simbólica, institucional y subjetiva que viven las juventudes latinoamericanas. Ellas emergen de los aportes de investigación existentes para dar cuenta de la fenomenología de la violencia y de los problemas relativos a juventud, derechos, acceso a la ley y ciudadanía. Estas investigaciones, con foco en el abordaje de los estudios territoriales objetivan las relaciones entre violencias, poder, sufrimiento y crueldad a la vez que delinean la perspectiva de análisis de la sociología del delito y del castigo con foco en adolescentes y jóvenes.
La exposición a la violencia de los barrios vulnerables
Varios trabajos abordan el problema del involucramiento de jóvenes en organizaciones delictivas vinculadas, por ejemplo, al tráfico de drogas y las formas de violencia y criminalidad asociadas a mercados ilegales. Parte importante de las mismas asocian estos condicionamientos a las condiciones adversas que se viven en barrios vulnerables las cuales aumentan las probabilidades de que estos integren una pandilla, mediante experiencias de victimización directa u observada. Se evidencia que las biografías de jóvenes infractores se encuentran marcadas por el abandono, la violencia y el crimen en la infancia. Cozzi (2022) destaca que la trama que configura el ambiente del delito se sostiene y produce vida social gracias a una fuerte reglamentación mediada por códigos, creencias y valores morales que direccionan y regulan las formas de interacción y los comportamientos que establecen aquellas maneras de “ser” y “hacer” valoradas tanto positiva como negativamente.
El juvenicidio, o precarización de la vida de los y las jóvenes, hace a una ampliación de su vulnerabilidad (Valenzuela, 2015). Su emergencia observable en el aumento de los principales indicadores de inseguridad, del aumento de todas las tasas de delitos y, sobre todo, de las tasas de homicidios en la región[2], también se expresa en países considerados pacíficos a fines del s. xx, tal como es el caso de Uruguay con las muertes de adolescentes en contexto de conflicto entre grupos delictivos (Tenenbaum et. Alii, 2021). La muerte de los adolescentes – de los hijos, de los nietos, de los amigos y compañeros, de los vecinos – aparece en las narrativas que dan cuenta de las vidas truncadas de varones jóvenes. Fragmentación y segregación territorial se asocian a la vulnerabilidad a la violencia y el efecto de segregación tiende a disminuir la capacidad de integración social particularmente en quienes han nacido y crecido en barrios de tales características (Espíndola, 2013).

El camino al estudio y la protección en peligro
Asimismo, la representación social y la vivencia de los barrios vulnerables están atravesadas por la violencia, tal como se observa en nuestro estudio que ofrece un mapa de la violencia en voz de las adolescencias. Este mapa del entorno educativo de centros de enseñanza media de barrios atravesados por la fragmentación social y la pobreza denuncia hechos de violencia graves, que vulneran los derechos humanos de sus habitantes y de sus adolescentes y objetiva la inseguridad del barrio. Ello incide afectando el “camino al estudio” a la vez que suma evidencia respecto del impacto de la violencia en la experiencia educativa de varios adolescentes y jóvenes de sectores populares.
La experiencia y la memoria de lo que es caminar por el barrio se ven estructural y antropológicamente atravesadas por la violencia: las representaciones gráficas y verbales señalan un entorno atemorizante, se denuncian muertes, amenazas, lesiones, y es claro que las adolescencias de este barrio popular de Montevideo crecen desprotegidas y con derechos vulnerados. No pueden caminar en paz para ir a estudiar, pues la experiencia es traumática y este trauma tiene un origen social, no individual. En síntesis: la violencia social se registra en el temor y el miedo de caminar hasta el centro educativo, porque las calles son peligrosas. (Espíndola et alii, 2023: 216)
El tránsito y la experiencia escolar de los adolescentes coexisten con sentimientos desencontrados y en conflicto, en los cuales aspectos negativos tales como el hambre, la tristeza y el conflicto coexisten con la amistad, el juego o el placer del estudio. La protección que la escuela ofrece en algunos planos parece debilitarse, por lo que el tránsito a la enseñanza media constituye un camino doloroso para muchos. Y si bien la violencia ocurre en un espacio y tiempo preciso, el impacto expresivo de la violencia letal rompe con esas fronteras ya que repercute emocionalmente y se instala en la memoria colectiva del barrio: el impacto emocional de la violencia que se transmite intergeneracionalmente entre los habitantes de la comunidad y se suma como un factor más de desprotección. Definitivamente, la violencia —histórica, estructural, acumulada— no “irrumpe”, sino que se reproduce y reactualiza intergeneracionalmente. Aparecen así sentimientos de muerte que construyen jóvenes estudiantes de sectores populares frente a la negación de la subjetividad (Kaplan, 2013).
En este escenario hostil para ellos, el movimiento de criminalización de los jóvenes y adolescentes continúa. Y cuando toman la palabra las demandas, los reclamos y los jóvenes tienden a ser criminalizados[1]. Como resultado, la participación es obturada. La participación política, la participación en la escuela, la participación ciudadana de los adolescentes es bloqueada. El control social prima ante la dificultad de establecer una política de la convivencia y de garantizar la vida en los territorios vulnerables. Este es el escenario que el Uruguay debería transformar para ofrecer otra vida a sus nuevas generaciones en un país envejecido y agresivo para ellos.
Nilia Viscardi
Doctora en sociología. Docente e investigadora en la UdelaR (FCS-FHCE) Integra del sistema nacional de investigadores de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII) Responsable, junto a Gabriel Tenenbaum del grupo Violencias, juventudes y criminalidad en América Latina (FCS-DS)
[1] Al respecto consultar el Estudio Global de Homicidios 2023 de la UNODC. https://www.unodc.org/ropan/es/estudio-mundial-sobre-el-homicidio-en-espaol.html
[2] Ver https://brecha.com.uy/violencia-en-red/
[3] Ver “Militancia adolescente. Una dura lucha por la participación” nota de Fernández Chiribao de 19 de marzo de 2023 disponible en https://brecha.com.uy/una-rampa-imposible






