
El reciente genocidio en Gaza “parece” una cosa del pasado. Un acontecimiento tapa a otro y en una semana el primero quedó caduco.
Mientras el sheriff del mundo, -Donald Trump-, quiere mantener la hegemonía imperial y por ende en nivel de vida de algunos de sus sectores a base de prepotencia y bombas, lo de Palestina parece lejano.
Desde el pasado 15 de febrero, Tel Aviv, registra tierras palestinas de Cisjordania como propiedad del Estado de Israel.
El País de Madrid, informó que registrar propiedades palestinas como israelíes “anula el fallo de un tribunal militar que congeló el registro de tierras tras la ocupación de Cisjordania en 1967”.

Según la organización de la sociedad civil, Paz ahora, equivale a tomar el control de “aproximadamente el 83% del área C, lo que significa el 50% de Cisjordania”, escribieron en la edición marzo del mensuario Le Monde (Uruguay) los periodistas Meriem Larbi y Marta Vidal en su artículo “El vino al servicio de la colonización”.
Un número relevante, 85 países de ONU, declararon, días después, que “tales decisiones son contrarias a las obligaciones de Israel en virtud del derecho internacional y deben revertirse de inmediato”, Uruguay estaría entre los firmantes de tal declaración.




