
Todo comenzó con doña Dolores Vidal de Pereira, hace un rato, cuando donó tierras para levantar un pueblo. La ciudad de Sarandi del Yí, enclavada entre el rio Yi y el arroyo Malbajar, -cuna de artistas, deportistas y personajes casi célebres-, cumple 150 años.
El Viraró, -y su leyenda-, la llorona, la playa vieja, -donde una hombre iba de short, remera y mocasines-, el “aeroclub”, (allí estuvieron nazis de la segunda guerra mundial), la picada de los cuervos, los carnavales con Alcides “Brujo” Ríos, los hermanos Duyos, La farola (con cataba y el pelao), más tarde Borracho pero con Flores, y su toque de actualidad, las veladas en lo de “Travieso” y el acompañamiento de Carlota; los inmensos picados en las Carretas, con la presencia de Juan Ramón Carrasco y los agobiantes eneros, sin la presencia tan fuerte del cambio climático y la vuelta “del perro” en auto o caminando en el centro cada fin de semana, le fueron dando identidad.

La tienda de Reyes o la de Chonichesky, las varias sucursales bancarias, Yi Publicidad, los célebres raíds hipicos que movilizaban, hasta hoy, al pueblo y hasta daba para hacer un mango. La “impresionante” venta de diarios los domingos llegando a media mañana a lo de Ramón Torres y las noches musicales de Ramón Bernado, “Negro Paco”. El carro de la basura a pura tracción equina, luego superado por la presencia de camiones con los municipales corriendo atrás y revoleando bolsas.
Las calles sin asfaltar donde el pasaje de vehiculos, ya en fase de crecimiento, dejaba todo empolvado y, la ropa debía volver a lavarse.
Como olvidar los tres grandes clubes sociales y sus bailes de fin de año que expresaban, otrotra, en sus asistentes, cierta estratificación social.
¿Quién no recuerda la marcha, en triciclo, rumbo al Estadio Juan Ramón Carrasco, de Pérez, saludando a derecha e izquierda, conduciendo con una mano sin irse al suelo esbozando una sonrisa cómplice con los vecinos?

Hay hombres…y mujeres no recordables. Pero en América Rivero de Albarenque, formadora de muchísimas generaciones, se resumen vidas de mujeres que, desde el anonimato y otros espacios, -en otras epocas más obtusa-, demostraron su valía y aportaciones.
Las misas, presididas por el cura Rego frente a la iglesia de la Plaza con nombre extraño: doctor Alberto J Enamorado.
Atrás quedó el Hotel Brisas del Yi, con un gallego cantador y el Hotel España con el querido Manuel Gómez, un militante hasta por las dudas, diciendo, al ver a alguien con un discurso prolijo,en el salón comedor, -un espacio de socializacion y lectura de la prensa: “éste es de lengua sobada”. O el Colegio “Santísima Virgen Niña” que daba cierto aire de estatus.
Mejor olvidar los años oscuros, donde algunos vivían horas aciagas y con pintadas repudiables.

Más acá en el tiempo, viene al caso traer a la cita a Sofio, Nekeneke y Julián. El primero con un sobretodo a lo “Batlle” en pleno verano, caminando doblado por la vida, cuando la gurisada le gritaba, “Sofio se termina el mundo”; invariablemente respondía buscando una piedra, “¡que me importa me voy a Montevideo¡”. O Nekeke, cuando en las prendidas de los judas en lo de María Fagían, -para recogocijo de la gurisada-, los cuetes no explotaban y para zafar, riendose de todos, deslizaba: “me dijiste que tenía cuete!”.
La Plaza de Deportes, con don Silva, el Comedor Municipal, -un reservorio de visicitudes-,el Gimnasio del Sarandi fueron moldeando ciudadanos. Entre avances, retrocesos y pugnas con su capital Departamental, Sarandí del Yi sigue enhiesta. De alguna manera, las “tertulias” en la panadería del “Chito” aportaron lo suyo. También las frecuentes pasadas por el lugar de los hermanos “Gomez”, a pie o en carro, y ante algún disgusto demostraban un exquisito manejo del idioma español, digno de cualquer miembro de la academia de letras. Cuentan los contadores, que allí, un día, cuando al perro “Mandela” del flaco Jorge, el “Cola” le tiraba al aire un bollo, rápido de reflejos, el flaco se hizo con el mismo. Ante el asombro de los demás y mientras el perro describía una parábola en el aire buscando el alimento, libre de cuerpo, respondió: “Mandela no es por lo dulce”.

Atrás quedaron los aislamientos por las crecidas del Mal bajar o el Yí, que además se llevó alguna vida y el viejo ómnibus de Padilla saliendo del bar Delorrio rumbo a la Estación de tren. Alguien sopla al oído de que sería una injusticia olvidarse de las corridas, banderin en mano, sin VAR, en el Estadio de Menores, de Atilio Viera, “Crullito” que, en otra circunstancia, siendo árbitro cobró un penal y clamaba que lo tiraba su hijo; “el Nando”.
Vale recordar el parsimonioso desplazamiento por la ciudad de “La Pelada”; Mario Luis de Armas, otrora futbolista de bazar, en una época sin captadores de talentos que se fue por el Camino de la eternidad.
Aquí caben el negro Blanco, un oximorón; la negra Teresa, o el muchacho que corría, cuerpo erguido, por las veredas, parando cada tanto y que la leyenda, para consumo de los niños, decía que quedó así por que estudiaba demasiado. Caben más personajes, y anécdotas que cimentaron lo que hoy se es, pero la memoria y el espacio siempre son injustos.

Entre grises y alegrías, el movimiento cooperativo de vivienda y el agropecuario, -ya un patrimonio nacional-, se ha hecho su lugar. Po ejemplo, Covieb y Coviyi Siglo XXI están en los sorteos de este mes, pugnando por préstamos.
El Parque Elias Regules, a orillas del Rio Yi, donde las abuelas lavaban con palmeta, espera al visitante para que tenga la posibilidad de mojar sus pies en ese caudal. Pinta tu aldea…





